jueves, 31 de marzo de 2011

Paciencia, muy pronto estaré con ustedes


Buenas tardes. Simplemente quería pedirles un poquito de paciencia pues estoy a punto de encarar un nuevo emprendimiento que conlleva cambios y, por ende, algo de tiempo, pero estimo que estaré en contacto con todos ustedes en los días venideros. No tienen una idea cuánto se extrañan sus post, los comentarios, los debates y el día a día de todos los blogs que, a diario, leía. Nos leemos prontito. Abrazo.

jueves, 24 de marzo de 2011

Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia

Tan sólo quería recordar esta fecha, como muchos que seguramente lo harán en silencio, ya no con sigilo. Hoy es el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, un día donde conmemoramos en Argentina a las muertes de civiles producidas por la última dictadura militar. Un 24 de marzo de 1976 se produjo el golpe de Estado que depuso al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, dándole inicio a la dictadura militar más cruenta. Se cumplen 35 años del inicio de la peor barbarie argentina, la de los dictadores anti-democráticos donde pensar diferente se pagaba con sangre, donde pensar diferente se pagaba con vidas. No quiero explayarme demasiado, simplemente manifestar que considero conveniente mirar el futuro sin perder de vista el pasado y nuestro presente, como el caso de Julio López que ha sido nuestro último desaparecido.




José Saramago —Q.E.P.D. — alguna vez nos obsequió unas sabias palabras, y cómo siempre me interesó y aún me interesa la mirada de quienes están afuera, pensé que sería oportuno compartirlas con ustedes, aunque ya sean de notorio conocimiento.
Para cerrar, les pido que, en esta oportunidad, no hagamos comentarios, aún hay muchos otros que no han aparecido.
Que pensar diferente no conlleve más exilios, mucho menos desaparecidos, acá y en cualquier parte del mundo. Gracias.


martes, 22 de marzo de 2011

Contradicciones


Buenas tardes. Me llamo Silvio, 68 años, padre de dos muchachos que, como yo, también son guías, ellos me obsequiaron cinco nietos, unas maravillas. Con mi esposa Rita vivimos en Argentina, no disponemos de una jubilación digna pero al menos vivimos, porque hoy en día con tantos problemas se torna difícil superar los 60. A veces me pregunto para qué tanta tecnología. 
Ayer me preguntaron qué ideología política tenía y yo, la verdad, soy anti, anti-imperialista, esos fachos utilizan la libertad de expresión como garantía. Si supieran lo que era vivir en esa isla, nunca he ido pero he visto programas por la tevé, también he leído algunos libros, todos viven de primera, hay libertades, no como en esos países que te bombardean si no pensás como ellos. Mi querido nieto Lucas, el más grande, me preguntaba por qué en algunos países te encierran si no pensás como ellos, a lo cual le respondí: porque no saben nada, son peligrosos, subversivos de la derecha que todo se lo llevan, eso no es libertad de expresión, eso es agresión, ataque a nuestras garantías.
Deberían vivir enjaulados toda la vida, porque no saben lo que es vivir bajo las reglas de los imperialistas.

lunes, 21 de marzo de 2011

Un tal Federico - 1ra. parte



Cuenta la historia que Federico, el mismo individuo que alguna vez fue atropellado por las ruedas de una carreta cubierta de macetas, padeció el abandono de una señora que se había ofrecido como su guía, una mujer que por cierto se creía superior, se creía especial, pero lo traicionó, lo abandonó sabiendo lo mucho que necesitaba de su ayuda, de un poquito de solidaridad, y su gente, los súbditos de la señora, llamémosla Isabel, ignoraron el infortunio, por conveniencia, por temor quizá. Se rumoreaba que Isabel convertía delfines en cangrejos. Federico se había quedado solito, bueno, no tan solo, quizá con su mejor herramienta: la imaginación. Poco a poco, entre desesperanzas y soledades, comenzó a erguirse y rengueó, como renguean los perros tras los atropellos de las camionetas. Dicen que el azar puede hacer las cosas mejor que la lógica, bien, Federico se libró a las fuerzas portentosas del azar, o del cosmos, porque también dicen que las estrellas pueden convertir pantanos en rosales. Fueron tiempos duros, pobre Federico, cada vez que asomaba la jeta por la ventana de su choza apenas vislumbraba oscuridad, pero se decidió a salir, tenía que hacerlo. Otra opción no le quedaba. Descubrió que existía un entorno: flores, aves y otras faunas que antes desconocía, porque siempre habían estado pero él simplemente no las percibía, o quizá las rechazaba. Estaba muy ensimismado. Federico se fue haciendo fuerte, fue recuperando su confianza, la confianza en sí mismo, sin ella no se puede andar, le recordaba todas las noches un búho que con los albores del amanecer se echaba a volar. ¡Cuánta razón tenía ese búho! A Federico comenzó a fascinarle esa palabra, andar, como andan los caballos en las praderas y los peces en el mar. Los pueblerinos comenzaron a señalarlo: ¡ahí va el muchacho!, y esas voces invadieron las ventanas de un hogar, el de Isabel, la misma que lo había librado al azar, convencida de que volvería suplicando piedad y más piedad. Claro, ella tenía que demostrarle a sus súbditos que era primordial para la vida de cualquier mortal. ¿De qué, para qué? ¿Tenía orgullo o soberbia? ¿Qué se iban a imaginar que ese muchacho podía andar? ¡No lo podían creer! Federico estaba andando, parecía un potro, hasta había recobrado fuerza muscular. Se había convertido en un todo terreno, como murmuraban los paisanos que, con el correr de los días, lo veían pasar. Una vez le dijeron, el éxito está a la vuelta de la esquina, y hacia esa esquina fue, decidido cual marcha triunfal. Nunca se supo con mucha exactitud qué senderos ha escogido para poder andar, pero la gente del pueblo deletreaba su nombre, habían comenzado a quererlo, y Federico, Federico se sentía vivo de verdad.
Una noche de luna menguante, ese tal Federico decidió descansar bajo las ramas de un coposo ombú, tenía ganas de contemplar el horizonte y, ¿por qué no?, hacerse de nuevas amistades, tal vez de algunas ranitas que, como él, habían sido libradas al azar, porque Federico se sentía una rana cada vez que se sumergía en las profundidades del río; pero esa noche, entre hojas marchitas y mariposas monarcas, un súbdito de Isabel se le apareció como por arte de magia, portando una sonrisa que, de por sí, parecía más falsa que real:
—Buenas noches, Federico, ¿qué es de tu vida? Te extrañamos, nuestra guía espiritual quiere verte de verdad.
Federico estaba incrédulo. La misma muchacha que, tantas veces había ignorado sus insistentes llamados de atención, reaparecía en su vida como intermediaria de la buena energía y la solidaridad.

Continuará…

viernes, 18 de marzo de 2011

Bernardo y la fiera del riachuelo (última versión)

Muchos de ustedes han leído este cuento fantástico pero estoy corrigiendo versiones anteriores que merecían correcciones. Saludos.


Cuenta la historia que Bernardo caminaba a la vera del riachuelo…


…cuando, repentinamente, tropezó con esto:


PRIMERA PARTE


—Grrr… —bramó la bestia como un toro, escarbando el suelo con las patas.
¡Era la fiera, la fiera del riachuelo! Él estaba al tanto de su particular existencia pero, por los medios televisivos, se decía que habitaba territorios remotos, entre las montañas de Afganistán. Es más, muchos seguidores de la gran bestia deforme sostenían que la cruel guerra rusa—afgana había tenido su origen por culpa de la fiera: muchos opinaban que poseía poderes paranormales y que hasta había convertido montañas rocosas en castillos medievales. La CIA lo investigaba, también la Gestapo: Hitler había escrito innumerables artículos en su favor, alegando que la bestia pertenecía a una raza superior, inclusive, a la mismísima raza alemana a la que pertenecía. Walt Disney había hecho lo suyo pero se dio por vencido y suplantó a la bestia por otros personajes que con gran éxito lo soplaron a la gloria. En fin, la fiera era popular, muy temida pero amada, también odiada y respetada, esa fiera era más famosa que el mismísimo chupa-cabras.
Bernardo se había detenido, no era para menos, estaba frente a la famosa bestia universal, más conocida que Batman. Sentía el corazón en la garganta, hasta le costaba respirar, realmente estaba aterrado. Levantando los brazos en su dirección, le suplicó:
—¡No! ¡No me hagas daño! Tan sólo caminaba en busca de unos medicamentos.
—Grrr… —le seguía rugiendo la gran bestia mundana.
Y Bernardo retrocedió unos metros, tal vez cuatro, sin saberlo estaba bordeando el precipicio. Encima el riachuelo olía a mierda, a bosta, a desechos hospitalarios, era realmente desagradable, ni siquiera las moscas lo frecuentaban, era un riachuelo maldito; pero la fiera se le acercaba, tenía aliento y olía a perro muerto. ¿Habría devorado a un indefenso animal? Más que uñas tenía garras, eran unos dedos similares a los humanos pero las tenía desparejas y largas, muy largas y filosas, con tierra —o barro— en sus cavidades epidérmicas. Un gusanito asomaba por uno de sus colmillos, o dientes, hasta daban ganas de partirle la boca de un trompazo con tal de enviarlo a un odontólogo. Paradójicamente, Bernardo daba diente con diente, temblando de miedo:
—¡Por favor! —le suplicó otra vez con las manos enaltecidas—. Esmeralda, la gitana, necesita unos remedios o pronto morirá.
La fiera lo ignoraba, cada vez más próxima estaba. Bernardo no tenía más opción que retroceder unos pasos. Retrocedía y caían las piedritas por el precipicio. Ese riachuelo era como la boca de un volcán, lleno de peces muertos. Los argentinos no cuidaban nada, lo destruían todo, les agradaba vivir entre la mierda y respirarla. Casi dado por vencido, Bernardo sacó del bolsillo del pantalón una fotografía de la bella gitana y se la refregó en la jeta cual héroe que pretendía vencer al conde Drácula mostrando un crucifijo, y la bestia curiosamente comenzó a alternar su rostro, parecía un humano, un semental con sus aguerridos músculos y una sonrisa indefinida, hasta había cerrado la boca y ya no se veían esos dientes desparejos y cubiertos de desperdicios. Estaba sonriendo, fruncía el entrecejo y pestañeaba a gran velocidad, como aletas de un moscardón alertado, todo parecía indicar que la tierna imagen de la gitana lo había hechizado.

SEGUNDA PARTE

Y lo había hechizado porque los ojos de la fiera estaban fuera de órbita, desorbitados. Su piel tendía a resecarse cual naranja librada al sol de enero o febrero. Bernardo continuaba sujetando la fotografía. Se decía que la fiera disfrutaba devorar a los seres vivos. Un noticioso vespertino había informado, semanas antes, que la bestia devoraba todo aquello que se le cruzaba: vacas, jirafas, pumas, rinocerontes, chimpancés y hasta seres humanos, generalmente los prefería rubios y si tenían ojos claros pues ni los huesos escupía. Bueno, eso decían en todos los medios televisivos. La fiera no se castigaba con dietas, era obeso, de hecho tenía unos rollos en la cintura que si caía al riachuelo sobrevivía. Eso que el riachuelo olía a bosta. En fin, Bernardo alzaba las manos y seguía exhibiendo la imagen de la gitana. Esmeralda era su novia y estaba muy enfermucha, pobrecita, le dolía todo. Él caminaba a la vera del riachuelo en busca de unos remedios. Los médicos diagnosticaban su muerte a menos que le consiguiera los medicamentos pero lo cierto era que Bernardo no los hallaba, eran prácticamente inaccesibles. Claro, ahora entiendo, también se decía que la fiera los había masticado, a los medicamentos, que había invadido un laboratorio y que hasta había llevado a sus dientes todas las maquinarias y todos los operarios. También entiendo por qué tenía esa dentadura tan desprolija y decadente: la fiera masticaba fierros.
—¿Te gusta? —le preguntó a la fiera con un tembleque en las manos como si padeciera el Mal de Parkinson.
—¿Ella? —rompió el silencio con una voz ronca.
La fiera hablaba, no era un dato menor.
—Sí, ella —miraba su imagen—, ella es Esmeralda, la gitana.
Las babas de la fiera salpicaban el atuendo de Bernardo, porque Bernardo era bioquímico y trabajaba muy cerca del riachuelo. Era tan asqueroso su aliento que no tenía otra opción que usar la fotografía para taparse los orificios nasales como si fuesen barbijos.
—Me gustan sus ojos color esmeralda —opinó la fiera y besó la fotografía que Bernardo seguía sosteniendo para taparse la nariz.
—Disculpe, señor fiera, pero ¿qué hace en Buenos Aires?
—Buenos Aires me encanta —gesticulaba con pasión—. En este país existe la magia, abundan las gitanas.
Bernardo guardaba la fotografía en el bolsillo del pantalón, poco a poco estaba perdiendo su miedo. La fiera parecía inofensiva más allá de su fama caníbal, pero las preguntas huían de sus labios y lo obligaron a preguntar:
—¿Sabía usted que lo busca el F.B.I., la Interpol y la CIA? Lo van a asesinar.
—Sí, lo sé —masticaba un gusanito que buscaba huir de su boca—, pero es mentira, no soy culpable de nada. Simplemente he sido víctima de una falla nuclear. Era un hombre común, como vos, hasta que repentinamente, una tarde, la planta estalló, y con la planta estallé yo, mire cómo me dejaron esos sinvergüenzas. ¡Me han contaminado! Hasta mi novia me ha abandonado pero ahora vine por ella.
—Pero, ¿qué hace en este riachuelo? Respóndame, por favor.
Lo estaba zamarreando, ¡Bernardo lo agarraba de los brazos!, sacudiéndolo pero la fiera no se turbaba ni tampoco se ruborizaba, tan sólo se le acercaba, descansando las garras en sus hombros. Bernardo las sentía, de hecho lo estaban lastimando, esas garras eran tan filosas que le estaban perforando la ropa pero contenía su dolor, no quería intimidarlo, o molestarlo, o enfadarlo, según el caso.
—Ando por acá porque me gusta su fotografía.
—No entiendo.
—Me gusta su fotografía —señalaba la pierna derecha de Bernardo—. Me gusta Esmeralda.
—¿Perdón? —retrocedió un par de pasos y se detuvo porque tenía medio pie sobre el precipicio.
—Tuve una novia y se llama Esmeralda. La muchacha de la fotografía es Esmeralda, ella era mi novia y me abandonó cuando me contaminaron. Ahora vine por ella… a recuperarla.
Todo parecía indicar que la bella gitana había sido su novia. Esa bestia tenía razón, en Argentina todo podía pasar, hasta lo inimaginable, como esta historia que ya no sé cómo continuar pero…

...continuará


TERCERA PARTE Y FINAL

—Y bueno, señor fiera —le dijo Bernardo—, la verdad... no sé qué decirle, ¿es consciente de que tiene los pies puestos en Argentina?
La fiera lo miraba asombrado:
—He estado en países hostiles, ¿qué puede pasarme aquí? Billetera no tengo, no podrán robarme ni un centavo.
—¿Y de qué vive? Es decir: ¿cómo financia sus gastos?
—Eso es lo de menos. Se dicen tantas cosas de mí, hay un escritor que anda diciendo por ahí que me alimento de animales y seres humanos. ¡Qué imbécil!
¡Diablos! Dije yo desde mi departamento.
—¿Un escritor? —le preguntó Bernardo.
—Sí, un tonto que tiene un blog, encima es tan maricón que usaba un seudónimo para poder escribir. Ya me vengaré, rogará piedad ese imbécil.
—¿Juan Manuel Giaccone? ¿El mismo individuo que se hacía llamar Ernesto Ugarte?
—Sí… ¿lo conocés?
—Bueno, debo decirle que él dirige nuestros movimientos.
—¿Cómo es eso?
—Bueno, él nos creó a partir de dos fotografías pero tiene una cómplice, una tal Idoia que también tiene un blog. Pero, ¿usted no venía en busca de Esmeralda, la gitana?
—Ya no me importa esa ramera.
—Más respeto que ella es mi novia —le levantaba el dedo índice.
—Bueno, ya no me interesa esa dama.
—¿Entonces?
—Entonces nos vengaremos de ese tal Giaccone. Que se piensa, ¿qué es nuestro Dios?
—Podríamos llamarlo así, si fuera usted le tendría más respeto, si él quiere puede extinguirnos en un abrir y cerrar de ojos.
—Eso no es justo —cabeceaba la fiera, embroncándose—, deberíamos reclamar nuestros derechos en el sindicato de los personajes.
—Lamento decirle, señor fiera, que no disponemos de tal sindicato.
Y tras decir sus últimas palabras, Bernardo se quedó quieto, ni se inmutaba, estaba quietísimo, como una estatua, no parpadeaba y eso estaba llamándole la atención a la fiera, que lo veía y se preguntaba: ¿y ahora, qué le pasó?
—Vamos pibe, ¿estás bien? —le preguntaba desconcertado.
Pero Bernardo no respondía. Le pegó un cachetazo y nada. La fiera estaba incomodándose, tanto fue así que bostezó en su cara suponiendo que su mal aliento le quemaría las cejas y lo haría reaccionar pero no, Bernardo ni siquiera había pestañeado. ¡Eso que había escupido un gusano que encima se le había pegado en la nariz! Pero nada, Bernardo actuaba como una planta. ¿Y ahora qué harás, fierita? Le dije con la mirada incrustada en el monitor. Te habla Juan Manuel Giaccone, Juanma, tu creador, ¿me escuchás?
La fiera me buscaba, en realidad miraba hacia todos lados pero no me hallaba.
—¿Y fiera? —le pregunté con soberbia—. ¿Tenés miedo? ¿Sos peligroso? Yo te daré tu merecido, te tiraré al riachuelo y te pudrirás con toda esa mugre que la gente de Buenos Aires suele desechar. Ese riachuelo es más sucio que todas las cloacas del mundo. ¿Lo sabías?
¿Y saben qué? No lo empujé, me dio pena. Después de todo tengo piedad por mis personajes. Entonces le cambié la cara, lo operé quirúrgicamente, lo peiné y hasta le cepillé los dientes, los tenía blanquísimos. Sus gusanos eran historia. Parecía todo un galán, hasta le quité los rollos de la cintura y le corté las uñas de los pies. Él estaba chocho de contento. Daba por hecho que reconquistaría a su gitana pero algo inaudito tuvo lugar: me tomé unos minutos para preparar un cafecito pero cuando volví, y tomé asiento frente a esta computadora que materializa estas palabras, la fiera ya no estaba a la vera del riachuelo, se había ido pero me dejó una carta que pegaré a continuación y daré por terminado este relato para proseguir con las correcciones de mi novela. Aquí va, y los saludo de antemano porque los aprecio mucho, bueno, eso ya lo saben, será hasta la próxima, he dicho.

Juanma: debo decirte que me siento agradecido ante tanta generosidad, me has cambiado, me diste la cara que siempre quise recuperar, porque yo era un tipo lindo, como ahora, pero voy a arrojarme a ese riachuelo, me voy a suicidar, ya no quiero depender de tus ideas, siempre tan ocurrente, ¿quién te pensás que sos? Eso sí, ten cuidado, muchacho, algún día puedo resucitar y rogarás piedad, algún día dirigiré tus pasos. Por la gitana, no te preocupes, esa turra ya tiene otro, sólo que no quería que Bernardo lo supiera. ¿Qué harás con él? Lo dejaste petrificado, parece un resto fósil. Al menos ten piedad de él.
Hasta que la vida me resucite, o un buen escritor me dé a luz. Tu enemigo, la fiera.


Notas del autor: la fiera nunca supo que, en el mundo de los cuentos, los personajes que mueren nunca resucitan.

jueves, 10 de marzo de 2011

Curiosidades en facebook



Algunas cosas que estuve compartiendo en el muro de mi cuenta facebook:

Acabo de ir a comprar unas facturitas a la panadería de mi barrio, Arenales y Uriburu, y una señora muy coqueta —cincuentona— se enfadó con la empleada porque no tenía cambio de $100. ¡Qué mujer más irascible! Son esos los momentos en que más extraño al ciudadano chivilcoyano.

Ahora que lo pienso, la empleada debería haberle dicho: "señora, le puedo devolver monedas por el valor de $1". La coqueta señora no las hubiese aceptado, dudo que las use, y así, ingeniosamente, la empleada se hubiese sacado de encima semejante estorbo humano. ¿Qué tal?

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Me enviaron un mensaje inaudito, lo comparto con ustedes: me ofrecieron participar de un programa para escritores con audio-libros, con los cuentos que decida contar, empleando mi voz, claro, y al pie de la presentación, como en los contratos bancarios, están los precios ($150 y +). Es decir, tengo que romper el chanchito y pagar... para sepultar mi voz, prefiero hacerlo gratis vía facebook o a través de mi blog. ;)

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Tengo argumento como para fragmentar mi novela futurista en dos partes. Me pone muy contento, es decir, si mis cálculos funcionan correctamente, terminarla me demandaría al menos 4 años (o 2 + 2). Fragmentar la narración en dos partes sería una decisión correcta, o al menos razonable. Restaría conseguir una beca, es muy complejo pero nada es imposible (nothing is impossible).
Un terreno pantanoso, sin lugar a dudas, pero me gusta por dos motivos:

1) Es un genero relativamente poco explorado, y
2) No tengo límites para jugar con la imaginación. Digamos que serán dos novelas casi 100% ciencia ficción, con saltos cronológicos y algunos distanciamientos de las grandes teorías del cosmos, en particular, la de los agujeros negros.

Es más, creo que si Einstein baja a la tierra y lee mi sinopsis, huye despavorido, jaja.

Notas del autor: en el post anterior tienen el enlace, por si quieren sumarse. Que tengan un gran día.

domingo, 6 de marzo de 2011

Celos y obsesiones


Hoy me re-encontré con un amigo, llevaba tiempo sin verlo, y entre tantas cosas hablamos de los celos; al respecto me dijo: "el que no tiene celos no está enamorado".

Busqué en la red y descubrí que la gran frase le pertenece a San Agustín (354-439), fue obispo y también filósofo. ¿De quién tendría celos San Agustín para atribuirse tal pensamiento? Nunca lo sabremos.

También hablamos de las obsesiones, y vaya que conocí (y aún conozco) casos de obsesión, pobre gente, quienes las padecen pero, ¿cómo deberíamos actuar frente a las obsesivas?

Recuerdo la película de Ana Bolena (en inglés, Anne Boleyn), reina consorte de Inglaterra, primera marqués de Pembroke. Ella estaba obsesionada con el rey Enrique VIII, tanto pero tanto que hasta llegó a ponerlo en contra de toda la iglesia católica.

En fin, la primera conclusión que podría formar es que los celos son, ante todo, humanos. La segunda, que son enfermizos. La tercera, que me dieron ganas de escribir algo sobre el tema.

Continuará...

Buenas noches para aquellos que, como yo, recién llegan a casa, y buen domingo para todos y todas.


También pueden leerlo desde mi cuenta en facebook:
http://es-es.facebook.com/people/Juan-Manuel-Giaccone/100000619885956