lunes, 2 de enero de 2012

El señor del infinito (tercera parte)


   Jacinto, el señor del infinito, solía estar de buen ánimo pero cuando se enojaba, cuando se enfadaba, era saludable no cruzarse en su camino porque el hombre era capaz de convertirte en una mandarina. Cuentan que una tarde, su primo decidió visitarlo en su palacio, porque el señor del infinito se había construido un castillo, y él estaba lo más pancho en el fondo del parque, una superficie extensa, de unos dos o tres kilómetros de longitud. Lo primero que advirtió fue que Jacinto estaba en la cima de un pila de mandarinas, decenas y decenas de mandarinas apiladas, todas machacadas. Cuando le indagó para qué había juntado tantas frutas, Jacinto no vaciló en responder: "estas mandarinas eran unas bestias humanas, ésta que ahora mismo estoy pisando se llama Rubén, tiene cuarenta años y un título universitario colgado en la pared".
   El señor del infinito no tenía escrúpulos, también cuando se le daba la gana.

Continuará...

7 comentarios:

  1. Me sigue dando un poco de miedito, Jacinto...
    Estás seguro que es querible??
    Espero las próximas entregas!!!
    Lau.

    ResponderEliminar
  2. Asusta un poquito, pero es bueno, ja.
    Sdos.

    ResponderEliminar
  3. Cada entrega se pone mejor ... queremos mas !!!

    Abrazo y buen comienzo del 2012 !!!

    Pablo
    .

    ResponderEliminar
  4. jajaj está re loco Jacinto, estará medicado? mandarinas? jajaj saludos

    ResponderEliminar
  5. Gracias, Pablo. Buen comienzo de año.

    Mandarinas, ja, es un loquito. Sdos.

    ResponderEliminar
  6. Aquí en España estamos en la época de las mandarinas. Me vuelve loca la fruta. Qué nos deparará el loco de Jacinto.
    Feliz año y un gran beso.
    De tu gitana, Esmeralda, que no se olvida.

    ResponderEliminar
  7. Me gustan las mandarinas, tanto es así que decidí incorporarlas en este relato. Nunca se sabe lo que Jacinto puede depararles.
    Felicidades, a vos y Esmeralda. :)

    ResponderEliminar