domingo, 19 de febrero de 2012

El día que lo dieron por muerto

15 de agosto de 1996. Frío intenso en el pueblo. Las ventoleras castigaban los portales de hierro macizo. Cinco teros iban y venían a lo largo de una superficie que no superaba los trescientos metros de longitud. Cruces. Cuerpos desalmados. Cinco personas recordando a otras cinco personas. Predio sediento de voces humanas. Olor  nauseabundo de flores marchitas, y en un recoveco estaba Luis, metido en un ataúd, aterrado, desesperado, agonizando, con los pulmones despedazándose: lo habían velado, lo habían dado por muerto y ahora experimentaba su joven muerte, poco antes de comenzar su vigésima primavera.


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